El sistema nervioso de los seres vivos se ha ido desarrollando y se desarrolla, como nos enseña la filogenética, desde el comienzo de la vida en la Tierra hace miles de años, adaptándose en su lucha por la supervivencia al medio en el que le toca vivir.

Este complejo sistema se basa en la capacidad que tienen sus células especializadas: las neuronas. Estas, dependiendo de un extraordinario sistema metabólico, son capaces de integrar toda la información y dar
respuesta, segundo a segundo, para seguir el proceso de la vida.


Mantener una neurona activa requiere una buena oxigenación, calidad en la nutrición, un régimen de descanso y evitar toda intoxicación, traumatismo o infección que la degenere o inactive.


El desarrollo de las condiciones de vida, higiene, sanidad… ha permitido que parte de la población en el primer mundo llegue a una avanzada edad. El reto actual consiste en mantener el cerebro y el sistema nervioso en condiciones de autonomía y rendimiento hasta el final. Sabemos que el ejercicio físico, una correcta nutrición y las relaciones sociales aumentan la supervivencia del cerebro.

Pero el deterioro medioambiental sin control que sufre el mundo industrializado desde los años 60 con la irrupción en el medio de los tóxicos metales pesados, “disruptores endocrinos” y el ingente número de sustancias químicas y físicas que constantemente nos contaminan de forma descontrolada (de las cuales la mayor parte son lipofílicas y neurotóxicas) están poniendo en peligro no solo la calidad de nuestro envejecimiento sino del desarrollo de nuestra prole, con la aparición de múltiples enfermedades que han irrumpido a partir del año 75 desde los tumores, el Alzheimer, el síndrome de Asperger, el autismo, hasta las alergias.

Este reto nos ha hecho recordar que existe un segundo cerebro que esnuestro sistema intestinal con un impresionante número de neuronas activas muy autónomas, pero con una misión integrada que afecta a todo el
organismo, por ejemplo, su repercusión en la piel.

En este intestino donde se fabrica parte de la serotonina hay más de 6000 cepas de bacterias que se encargan de intentar poner barreras para que el organismo se mantenga sano.

La acidificación del cuerpo nos indica cuando perdemos la batalla. En el desarrollo de esta ponencia, en el marco del Congreso Nacional de COFENAT, nos va a servir para ver qué líneas de trabajo y tratamiento se
pueden llevar a cabo con el importante aumento de conocimientos que tenemos en el día a día y el gran frente de posibilidades para poder llegar a una edad entre 80 y 100 años con un sistema cognitivo pleno y activo.

 

Javier Aizpiri Díaz
Médico Neurólogo- PsiquiatraMedicina Integrativa
Participa en el Congreso Nacional de COFENAT en el marco de Expo Eco Salud 19 mayo – IFEMA. Madrid