Mi muy amado hermano Miguel Ángel desencarnó a finales de abril de este año.
Durante veinticinco años hicimos juntos la única tertulia humanista del país, en numerosas emisoras de radio. Juntos escribimos un libro, juntos viajamos a la India, juntos promovíamos tanto como podíamos enseñanzas para humanizar y humanizarnos.

Todos los que conocieron a Miguel Ángel pudieron enseguida sentir su grandeza, su actitud benevolente y cooperante y su intensidad en el vivir de cada momento.

Mi hermano Pedro Luis ha escrito un sincero, hermoso e inspirador texto en su memoria, que incluímos en este blog.
La vitalidad de Miguel Ángel era contagiosa y su peresencia a nadie dejaba indiferente. Como nuestro padre, era un campeón de la amistad, y sus amigos, le echamos a cada momento de menos y le recordamos profundamente cada día que amanece.

Ramiro

 

Hay personajes a los que no es posible definir, eliminando dicho epíteto.

Seductores de personas, de grupos, de multitudes.

Hay tanto tipo de seducciones, que seria interminable enumerarlas. Pero hay ciertas personas, que han nacido y se han hecho de esa estirpe.

Miguel-Ángel era una de ellas, y quizás ha tenido que pasar cierto tiempo desde su desaparición (aún tendrá que pasar mas) para que tomemos conciencia de esa virtud, que siempre le caracterizó, aunque desgraciadamente no siempre fuésemos capaces de comprenderlo.

Seductor, ofendido. Afable, colérico. Generoso y dominante.

Todo ello, mezcla de una personalidad entregada, y sin embargo en ocasiones manipuladora, que le llevaba a sorber la vida intensamente y a veces de forma desgraciada, y a que tú, la apurases igualmente, con él.

De gran generosidad incluso con los desconocidos, quiso abarcar el mundo y sus gentes, sin darse cuenta de que abarcar mucho, supone a menudo, conseguir menos.

Pero la estirpe de seductor supone eso: vivir intensamente, según tus propias normas, olvidar los convencionalismos, seducir y convencer al mayor número posible de personas. Hacer felices –y a veces desgraciadas- al mayor número de ellas, y dejar en todos, ese surco de persona distinta, entregada, generosa y …seductora.

Era difícil no dejarse fascinar por su atracción encantadora y vitalista, y si su aliento te rozaba, nunca te librarías ya de él. Como esos perfumes atemporales, que de repente vuelven a surgir cuando ya no lo esperas y que te hacen sublimar situaciones olvidadas.

Murió con el corazón roto –según los médicos …»por meras causas físicas de sus gastadas arterias».

Como a manudo sucede, se equivocaban.

Los que le conocemos sabemos, que se le rompió, -eso sí- pero fue de tanto amar. Los seductores como él, se mantienen vivos, rejuvenecidos por viejos amores nunca olvidados, y mueren envejecidos por los nuevos que llegan, apasionados y exigentes.

Poeta brillante. Excepcional recitador y por encima de todo gran e intenso amador.

Aún me estremezco, cuando en mi corazón suena, ese famoso poema de amor y muerte –con el que me identifico cuando en él pienso- y que adoraba recitar:

«Yo quiero ser llorando el hortelano de la tierra que ocupas y estercolas, compañero de alma tan temprano».

Quizás su corazón no estaba forjado para tanto amor mundano y ahora recorre espacios infinitos, ávido de nuevas emociones, amores celestiales y sueños imposibles.

«También yo quiero ser llorando el hortelano de la tierra que ocupas y estercolas, HERMANO del alma tan temprano».

EN RECUERDO DE MIGUEL-ANGEL CALLE.

Pedro Luis Calle