SIEMPRE EN DEUDA CON LOS ANIMALES

En la emblemática revista «Espacio Humano», en la que vengo escribiendo desde hace muchos años, llevo unos meses publicando y comentando significativas e inspiradoras narraciones espirituales, que los maestros de Oriente llevan mostrando a sus discípulos desde tiempos inmemoriales, ya que dicen en pocas palabras más que textos enteros de metafísica, filosofía o psicología. Son historias anónimas que forman parte del gran legado espiritual de Asia.

Y hoy en el blog que tan eficientemente me coordina «Espacio Humano», quiero compartir con vosotros una historia muy especial, pues ya la mayoría conocéis mi gran amor por los animales y que se hace muy revelador en la persona de mi gato Emile, con el que aparezco en una fotografia que nos ha hecho mi buen amigo José Ignacio Vidal, que justo ahora está en la India. La historia es la que sigue:

Una familia muy acaudalada organizó una fiesta. Llegó la hora de la cena y los numerosos comensales tomaron asiento. Se sirvieron enormes fuentes de toda clase de pescados y el anfitrión comentó: «¡Gracias al cielo y sus sabias leyes podemos degustar estos alimentos criados para el hombre!». Los invitados apoyaron las palabras del anfitrión y todos comieron alborozados. El segundo plato era de aves y el anfitrión aseveró: «¡Bendito sea el cielo por haber creado las aves para que los humanos podamos alimentarnos de ellas!». Los invitados dieron la razón al anfitrión.

De repente, el hijo pequeño del anfitrión se incorporó y dijo: «No estoy de acuerdo con mi padre ni con ninguno de los asistentes. No es cierto que los peces y las aves hayan sido creado para nosotros y menos para comérselos. Los mosquitos nos chupan la sangre. ¿Podemos decir por ello que hemos sido creados para alimento de los mosquitos?»

Estamos en deuda con los animales, que son sometidos demasiado a menudo y espeluznantemente a torturas, vejaciones, escarnios y malos tratos. Les debemos mucho y, sin embargo, hay gente que les maltrata o mata por simple diversión. Ni siquiera sé cómo denominar a esa gente, pero nunca querré estrechar sus manos.

Y me es imposible encontrar un calificativo adecuado para ese circo salvaje que representan las corridas de toros y que ponen en evidencia lo poco que emocional y espiritualmente ha avanzado el ser humano. ¡La civilización humana! No hay eufemismo más impúdico. Cuando le preguntaron unos periodistas al Príncipe de Gales qué pensaba de la civilizacion, contestó: «Como idea no está mal, pero háganme saber cuando la pongan en práctica».

Ramiro Calle

Centro de Yoga Shadak

www.ramirocalle.com