La ternura tan honda y todo embargante que me inspira mi gato Emile, es la que me inspiran todos los animales del mundo.

Al mirar sus ojos, en los que palpita la Inmensidad, veo el de todos los animales de este planeta que, como reza un antiguo adagio hindú, «sin el hombre sería un paraíso». Lo que el llamado ser humano ha hecho y hace con los animales es tan atroz e injusto, tan miserable y perverso, que no hay términos para expresarlo.

Les hemos dado y les seguimos dando malos tratos, tormentos, dolorosa e inaceptable muerte. ¡Hemos sido y somos sistemáticos asesinos de criaturas vivientes! Pensamos que ellos han sido creados para nosotros, que es tan absurdo y execrable como pensar que nosotros hemos sido creados para alimentar a los mosquitos. Si las lágrimas de los animales que el ser humano ha maltratado pudieran reunirse, no habría océanos para contenerlas. Y la situación no parece cambiar, a pesar de que hay muchas personas que se esfuerzan por hacerlo y que sufren enormemente por el daño que se infrige a sus hermanos los animales. Y no puede cambiar mientras la mente humana esté tan falta de compasión y lucidez.

Sin una mente clara y un corazón tierno, los animales seguirán siendo las víctimas de las que atrozmente se abusa y a las que se las somete sin el menor buen sentimiento. ¡Y a esto le llamamos civilización!. Una «civilización» basada en denigrar, explotar, esquilmar y asesinar, de la que no escapan tampoco los animales… sin que puedan comprender por qué, ya que nos dan lo mejor de ellos mismos.

(Fotografía de José Ignacio Vidal Morán)

 

Ramiro Calle
Centro Shadak

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