Peregrinos cósmicos

Empezaba el siglo XVII y el reinado de Felipe IV llegaba a su fin sin heredero. El asunto era grave: estaba en peligro toda una dinastía, la de los Austrias, y en el horizonte se adivinaba una guerra de sucesión a la corona de dramáticas consecuencias. Fue entonces cuando el gran pintor Velázquez, puso en marcha toda su creatividad y su genio para pintar Las Meninas a modo de talismán astral para ayudar al rey, de quien algunos cronistas afirman que era amigo, además de pintor de cámara.

Desde que la Astrología dio los primeros pasos para sistematizarse, tal y como hoy la conocemos, en torno al año 3.000 a.C. por tierras de Mesopotamia, se ha recurrido a ella para múltiples fines.

Emperadores, papas, grandes genios del arte o la ciencia… buscaron respuestas en las estrellas, y siguen haciéndolo ahora. Desde las cuestiones más básicas hasta las más complejas, desde cuándo hará buen tiempo hasta cuándo conviene empezar una batalla o construir un edificio. Felipe II eligió astrológicamente la fecha y el lugar para la primera piedra del mágico e imponente Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, al igual que el papa Julio II hizo con la primera piedra de la basílica de San Pedro, en el Vaticano. Estas elecciones se hacían para dar solidez y perpetuidad a tales edificios.

Pero hay muchas maneras de invocar el favor de los astros, de entenderlos o de aplicar los conocimientos que de ellos tenemos. En principio la Astrología se usaba para prevenir el tiempo, controlar las cosechas, construir imperios, declarar el momento de la guerra o de la paz, como si el favor de los astros estuviera al servicio de los estados o reservado únicamente a reyes y poderosos. Con el tiempo pasó a popularizarse, a democratizarse y a ser usada más ampliamente por todo el mundo y a modo personal. Y es aquí donde cumple un papel espectacular, sorprendente y mágico, que permite ser usado como mapa y calendario de la vida personal, como terapia y muchas cosas más.

La Astrología es un lenguaje simbólico a través del cual se expresa el Cosmos y que cada individuo interpreta a su manera en función de su carta astral natal. Decía Alfred Korcybski, fundador de la Semántica, aquello de que «el mapa no es el territorio». Igual ocurre con la carta astral, no es la vida, pero ayuda a saber el territorio en el que nos hallamos. Entender este mapa es conocernos mejor, saber de nuestro potencial y también de nuestras flaquezas, así como sintonizar con los ritmos propios.

La carta astral natal es el núcleo cósmico que llevamos dentro –semejante a la semilla que da vida a cada árbol- representada gráficamente en forma de mandala. En el momento de nacer, los planetas marcan la impronta que determina dicha semilla, cuya evolución vendrá acompasada por los incesantes movimientos planetarios.

Desde el mismo instante del nacimiento, todas las fuerzas y energías cósmicas laten en el interior de cada ser. El microcosmos como reflejo del macrocosmos, una relación innegable que empezó en el mismo momento que, hace miles de millones de años, un bombardeo de cometas y asteroides introdujo la vida en la Tierra. Es una conexión mágica y misteriosa con el Cosmos, cuyo efecto o interacción con nosotros se puede ver como una relación causa-efecto o bien como una cuestión de sincronicidad, descrita por Carl Gustav Jung, que se interesó profundamente por la Astrología. Fue él quien describió los arquetipos, desde cuya perspectiva se entiende mucho mejor lo que representa cada uno de los planetas y el papel que juegan en la personalidad y el destino. Sean los planetas los que provocan nuestros cambios o sea una cuestión de sincronicidad -por la cual se da una extraña «coincidencia» entre nuestros estados interiores o lo que nos pasa y los lugares que ocupan los planetas en el cielo- esa conexión existe, aunque sea invisible, y su finalidad es conducirnos hacia un estado de mayor realización.

Pitágoras, Platón y Kepler hablaban de la «música de las esferas» para señalar que todo es vibración y ritmo. «Todo respira al unísono», decía Plotino. La conexión del alma con las estrellas no es tema baladí, y ha ocupado a muchos de los más grandes pensadores de todos los tiempos.

Es muy importante, necesario para la psique colectiva, que valoremos nuestra conexión con el Cosmos, que sintamos ese vínculo sagrado que une nuestra alma y cuerpo con las estrellas, los planetas, el Sol, la Luna… con el Universo, porque éste se desentiende del ser humano en la misma medida que nosotros nos desentendemos de él. ¿Cómo? Se paga con pecados morales, con una finalidad utilitarista de la vida, con el triunfo del egoísmo y la falta de solidaridad, con una sensación no hallar sentido a la vida que provoca zozobra y desencanto. Claro que sí, la Astrología no se podría entender sin su profunda dimensión espiritual.

Pero, así como la semilla crece al ritmo de las estaciones, el sol, las lluvias y las circunstancias que las envuelvan, a nosotros nos sucede algo similar. La carta astral natal representa la semilla que hay en cada uno de nosotros, mientras que los incesantes movimientos de los planetas –a los que los astrólogos llamamos tránsitos planetarios- señalan el devenir y aquello que va moldeando esa semilla que llevamos dentro. Se forma así una especie de complejo reloj en el que cada planeta es una manecilla diferente. Esa dinámica supone la cronología vital.

La cuestión es que la carta astral natal lleva implícita una personalidad, un destino y también una misión, por eso es una fantástica herramienta para reconocernos y orientarnos. Facilita el camino iniciático que cada cual debe realizar para dar sentido a su particular conexión cósmica. La carta astral natal representa, pues, la esencia del ser, mientras que los tránsitos planetarios marcan el camino. A partir del impulso inicial del nacimiento, tenemos que estar dispuestos a andar ese camino interior en medio de un medio estelar, como polvo de polvo de estrellas que somos, como peregrinos cósmicos. La Astrología nos enseña que estamos aquí para realizar lo que Joseph Campbell describía como el viaje arquetípico del héroe.

El Sol, la Luna y todos los planetas (rápidos y lentos) forman una maravillosa danza, una sinfonía cósmica al son de la cual tenemos que aprender a bailar. Entender esta dinámica astral facilita fluir con los ritmos que son naturales a cada uno de nosotros. Constituye una fabulosa herramienta para aprender a vivir, a sentir el pulso del tiempo, a ser y a transformarnos. Mientras la carta astral natal nos enseña, instruye o da pautas para ser fieles a nosotros mismos y realizarnos, cada tránsito planetario de cada planeta nos va señalando dónde debemos prestar atención, por cuánto tiempo y cómo hay que hacerlo.

Pero la naturaleza y los seres vivos no dependen únicamente del clima del día, de la estación o del año, sino de ciclos mayores. De modo que, además de la carta astral natal y los tránsitos, estamos sometidos a grandes ciclos astrales, que marcan el ruido de fondo de la danza particular que nos toca vivir. En el siglo XVII una disminución de la actividad solar provocó una pequeña edad de hielo que duró varias décadas y condicionó el clima de cada uno de aquellos años y la vida
de cada una de las plantas y de los seres vivos. De modo que debemos estar atentos a ese ruido de fondo que viene determinado por llamaradas solares y grandes ciclos planetarios, como ocurre ahora con la cuadratura entre Urano y Plutón, histórica y extraordinaria.

La actual cuadratura entre estos dos planetas lentos abarca desde 2008 hasta el 2020, y se relaciona con todo lo que está pasando a nivel mundial: crisis económica, primavera árabe, desobediencia civil… Lo sabemos porque «la historia se repite» y cada vez que hay aspectos inarmónicos en el cielo entre ambos planetas ocurren este tipo de acontecimientos, como ya he comentado en varios escritos y conferencias. Pero los aspectos de tensión entre dos planetas lentos como estos producen, además de ese panorama de fondo sobre el que nos toca vivir, una sensación de caos e incertidumbre que afecta a la mayoría de personas y en varios ámbitos, desde el físico hasta el psicológico o emocional, desde el mundo de las ideas hasta la moral. Es como si las brújulas personales se volviesen locas. De ahí que no es extraño ver a tanta gente desorientada, cada día más. Son etapas convulsas que alteran todas las normas, todas las reglas, todas las costumbres y creencias. De ahí que sea también una etapa para aprender a renacer y redescubrirse, para adaptarse a las marchas forzadas que exigen los nuevos tiempos.

Felizmente, la Astrología tiene una faceta terapéutica. Podemos considerar a los planetas como dioses del cambio, que nos indican los puntos a los que debemos prestar atención y nos ofrecen la oportunidad de rediseñar la personalidad y los objetivos, al tiempo que señalan la forma más adecuada de hacerlo. La profundidad y duración, así como el plano en el que afecta una determinada crisis, viene en función de la velocidad de cada planeta. Cuanto más lento es el planeta, más duradera y profunda suele ser la crisis. Por eso son especialmente significativas las de los planetas generacionales Urano, Neptuno y Plutón, a quienes les sigue Saturno. En cambio, la Luna sólo provoca cambios pasajeros, de unos días o incluso unos minutos.

Muchas de estas crisis corresponden a una determinada edad, por la sencilla razón de que los ciclos planetarios llegan a un punto crucial en periodos o plazos fijos. Otros, por supuesto, son muy personales y están en función de la carta astral de cada individuo.

Así, las crisis de Saturno son muy conocidas, a través de distintas fuentes, tanto mitológicas como psicológicas. Cada siete años y medio aproximadamente, desde nuestro nacimiento hasta nuestra muerte, el planeta Saturno se sitúa en puntos inarmónicos o de ruptura con respecto al punto que ocupaba en el momento de nuestro nacimiento. Así, aproximadamente a los siete, los catorce, los 21, los 29, etc. Saturno provoca unas crisis personales que serán más o menos importantes según la disposición del mismo en nuestra carta astral: una persona que tenga a Saturno mal situado sentirá de forma aguda estas crisis, mientras que alguien que lo tenga bien integrado en el esquema global de su carta astral podrá sacar mejor provecho de estos momentos saturninos. De todas las crisis de Saturno, la más notoria suele ser la de su retorno, esto es, cuando vuelve al punto zodiacal que ocupaba en nuestro nacimiento, lo que ocurre alrededor de los 30 años de edad. Casi todas las personas atraviesan en ese momento la necesidad de hacer balance a lo que han conseguido hasta entonces y de revisar sus bases de funcionamiento; el trabajo y las relaciones familiares suelen experimentar un cambio importante.

Otra de las mayores crisis generacionales tiene lugar en torno a los 40 años de edad, cuando inevitablemente los tres Planetas Generacionales (Urano, Neptuno y Plutón) alcanzan puntos inarmónicos con respecto a los lugares que ocupaban en el momento de nacer el individuo. Aunque se trata de una crisis que puede ser iluminadora o significar el momento de grandes hazañas, como ocurrió con numerosos personajes: Galileo, Newton o Freud sirven de ejemplo, ya que culminaron sus grandes obras precisamente en torno a esa edad. Pero ya sabemos que las crisis funcionan de forma muy diferente según la actitud con que se las enfoque.

Todo esto tiene una clara finalidad: enseñarnos que todo son ciclos, que muchas veces se repiten, y que no hay nada eterno. Aprender de esos ciclos, prevenirlos y superarnos gracias a las experiencias vividas es una de las claves que ofrece la Astrología. Visto así, la vida es como un juego evolutivo, en el que es hermoso y hasta emocionante aprender nuevas lecciones.

Después de tantos años de existencia, una rama del saber tan antigua que se pierde en la noche de los tiempos, que es madre de toda ciencia y de toda religión, vuelve a llamar al alma humana con fuerza para que preste atención sobre sus sagrados vínculos con el Cosmos, y se revela –ahora que ya tantos mitos han caído, que tantas políticas e ideas están de vuelta-, por encima de cualquier otro conocimiento, como el nuevo-viejo paradigma para entender nuestro sentido aquí en la Tierra.

Vicente Cassanya

Periodista. Astrólogo.
Director de la revista Tu Suerte.

www.cassanya.com