Ahora que las Navidades quedaron atrás… ¿Las luces y las sombras, fueron guardadas en el baúl de los recuerdos hasta el próximo año? Para comprobarlo, me gustaría hacer una reflexión. Una reflexión que nos llevará, más allá…

Más allá de lo establecido como lo típico de esas fechas: reunirse, celebrar, compartir comidas, cenas, vinos, cavas, turrones, mazapanes y otras muchas delicatessen, regalos y adornos navideños. Más allá, de la falta de energía por haber castigado a los riñones con cansancio, frío y alcohol; de la sobrecarga hepato-biliar, lograda a través de consumir grasas y dulces en exceso, o de acelerar el ritmo cardiaco tomando excitantes como café, alcohol y chocolate, de provocar digestiones lentas por mezclar demasiados alimentos, o de ingerir distintas proteínas animales que bloquean el intestino, así como del atraso de sueño, exceso de resaca, descuido en el orden de horarios etc., y de comprobar que el resultado, es un organismo que tiene mermadas sus capacidades.

Más allá… aún más allá, me gustaría mirar de frente las “luces” y las “sombras” y ver como fue afectado todo nuestro Ser y, no solo nuestro cuerpo por los “alimentos” en forma de pensamientos, emociones, o reacciones viscerales, que siendo equilibrados, pueden afectar favorablemente a nuestro organismo y nuestra salud y, si no lo son, nos conducen hacia la enfermedad y la infelicidad.

Desde mi punto de vista, es importante la inseparable relación que existe entre los aspectos orgánico, psicológico y emocional en las personas y, considero, que es importante reflexionar sobre la importancia y la incidencia de los alimentos orgánicos, los alimentos mentales, y los alimentos emocionales, ya que todos ellos, “nutren” con su frecuencia vibracional nuestros diferentes aspectos personales.

Me gustaría resaltar la importancia que tiene en nuestras vidas y en nuestras relaciones el ser dueños de pensamientos positivos, donde lo que compartimos son ideas que generan energía de confianza, tolerancia, alegría, reflexión y/o desapego. En las que los deseos amorosos para uno mismo y para los demás, son el principal Producto Alimenticio. Del mismo modo, en esas relaciones en las que el ambiente es relajado y las situaciones son equilibradas y el Amor es el principal Condimento, también podemos ver que son las emociones positivas las que movilizan, los comportamientos de: generosidad, comprensión, tolerancia, perdón y/o admiración.

Y también, aunque no gustándome tanto fijarme en esto, resaltaré la incidencia que tiene en nuestras vidas, y en nuestras relaciones, el permitirnos mantener pensamientos negativos donde lo que compartimos son ideas que generan energía de desconfianza, intolerancia, aburrimiento, duda y apegos, en donde las Toxinas mentales son en el principal Producto Alimenticio. Destacaré también, las consecuencias que tiene el que se movilicen emociones negativas, en las que priman los comportamientos de: egoísmo, incomprensión, intolerancia, rencor, envidia, y/o incomunicación, donde claramente el Desamor es, por excelencia, el Condimento que adereza las relaciones haciendo que primen el ambiente tenso y las situaciones conflictivas.

Y puestos a seguir reflexionando… La alimentación tiene una íntima relación tanto con los órganos y los esquemas mentales como con las emociones, ya que todo el sistema digestivo, está muy sintonizado con el sistema nervioso neurovegetativo.

Del mismo modo, desde un punto de vista energético, el Estómago, el Bazo y el Páncreas, son los órganos esenciales para el aparato digestivo y estos órganos y sus funciones, reflejan las influencias de la dieta, la actividad mental y la emocional.

Si al terminar la Navidad nos sentimos empachados, puede deberse a haber cometido excesos no sólo alimenticios, sino a haber vivido también un exceso de emociones difíciles de digerir, de asimilar y/o de eliminar, en cuyo caso, estaríamos ante el hecho de reconocer qué alimentos son, de los que hemos abusado, o ante la analogía de qué situación o suceso, nos hemos tragado y no podemos digerir, asimilar, o dejar marchar.

Y más allá de lo puramente fisiológico…

Podemos hacer analogías teniendo en cuenta en qué parte corporal está la molestia o problema físico, o bien contemplando los síntomas, las expresiones verbales, y/o el lenguaje corporal. Desde cualquier ángulo que el paciente defina su situación: físico, mental o emocional, si aplicamos una escucha activa y relajada, podremos obtener mucha información para desentrañar.

Si lo que nos cuenta que le sucede, es que tiene un cólico biliar, tendremos que ver qué alimentos con exceso de grasas, azúcares y alcohol o qué situaciones, o emociones, le han llevado a tragar ira o rabia y, al no ser capaz de digerirla y asimilarla para soltar la tensión, la vía de salida inconsciente, sea la de vomitar.

Si lo que padece es diarrea, lo tenemos que relacionar con el intestino y directamente con procesos inconsciente. El intestino es semejante a un cerebro morfológicamente hablando. Tenemos que ver lo que le irrita profundamente, llegar a descubrir la “diarrea mental” que hablará, de lo que digiere o no en su vida, más allá de los alimentos orgánicos: pensamientos, emociones, relaciones o situaciones.

Si lo que padece es una afonía, tendremos que revisar si se debe a haber tomado alimentos o bebidas muy frías, o a que se haya quedado mudo ante una situación, o atragantado por la dificultad o el miedo a expresar los sentimientos.

En una familia donde uno de los miembros de ésta, de forma natural, destaca el valor de otro, le está generando confianza, reforzando su autoestima y es posible que eso genere un ambiente distendido y alegre. Si por el contrarío en la reunión familiar, alguno de los miembros, consciente o inconscientemente, destaca algo que avergüence a otro, lo que generará, será un ambiente tenso y estresante, donde el descontento y la desilusión primarán.

En términos de analogía, en todos los procesos o vivencias los órganos, los pensamientos y las emociones son afectadas de forma similar: reciben un impacto y ponen en funcionamiento las herramientas de las que disponen para digerirlo, asimilarlo y desechar lo que le resulta dañino. Esto sería lo ideal, aunque lo cierto es que en muchos casos, estos impactos no se digieren, asimilan o desechan, dando lugar a problemas físicos, psicológicos, emocionales, energéticos y de toda índole.

Y como propuesta terapéutica…

Recomiendo tratar de desbloquear tanto los sistemas orgánicos, como los esquemas mentales y las tendencias emocionales. Somos mucho más que un cuerpo físico y transportamos una historia, personal, familiar, cultural y social. Es Mirando y aprendiendo del pasado, como podemos cambiar el presente y proyectarnos hacia un futuro mejor y más feliz.

La decisión de lo que hagamos nos pertenece… La responsabilidad, también. Podemos dejar guardadas las luces y las sombras en el baúl de los recuerdos hasta el próximo año, o comenzar a proyectar luz desde la consciencia, para que las sombras desaparezcan.

¡El amor es el único camino hacia la salud y la felicidad!

Isabel Pérez Broncano

Reflexóloga – Autora del libro Reflexología Integral

Directora de Ranvvai Escuela de Reflexologías y Centro de Terapias Naturales

www.ranvvai.com