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Los intrépidos buscadores de la sabiduría

Los intrepidos 600

 

Escribo en mi "AUTOBIOGRAFÍA ESPIRITUAL" a propósito de los primeros años de mi Búsqueda: "Por un lado, el zen; por otro lado, el yoga. Por un lado, el "entrenamiento autógeno"; por otro lado, el psicoanálisis. Por un lado el recogimiento; por otro lado, la dispersión. Por un lado Ramakrishna; por otro lado, Freud. Por un lado, destellos de plenitud; por otro lado, sentimientos de soledad cósmica, angustia y desconcierto". Fueron, sí, años difíciles, comportándome como un sabueso rastreando una Realidad que sentía se escondía tras las engañosas y envolventes apariencias.

Pero en esos años difíciles encontré amigos valiosísimos -los libros- y comprobé lo que muchos años después me enteraría que escribía mi querido amigo el venerable Nyanaponika Thera: que un libro puede ser un maestro. Busqué en los libros maestros que pudieran enseñarme, alentarme, confortarme y procurarme enseñanzas y herramientas para psíquicamente sobrevivir.

Nuestras pesquisas de buscadores han sido fáciles en comparación a lo difíciles e intricadas que fueron las de los que décadas anteriores nos precedieron. Mi admiración no ha dejado nunca de crecer en torno a impresionantes buscadores como lo fueron Arthur Avalon, Evans Wentz, John Blofeld, Mircea Eliade, Anagarika Govinda o el intrépido Theos Bernard, que halló la muerte en una zona del Himachal Pradesh, India, por la que he pasado numerosas veces. Eran los tiempos de la aguerrida Alexandra David-Neel.

Esos buscadores de entonces no reparaban en ningún tipo de esfuerzo por seguir la senda de la Sabiduría y viajaban, de la manera más penosa, esforzada y arriesgada, por esas remotas tierras a las que hoy accedemos con relativa facilidad. Por eso, siempre tengo sus nombres y obras en mi mente agradecida. Sus vidas fueron manantial de inspiración, y todos hemos adquirido una deuda permanente con ellos. Fueron, gracias a su motivación, capaces de poner en riesgo su vida, deseando transmitirnos el legado espiritual de los más Grandes.

Aunque como también apunto en mi "Autobiografía Espiritual" al final, la senda sin senda es la Senda, todos estos grandes buscadores que nos precedieron a los de ahora, nos abrieron caminos fiables hacia la Sabiduría liberadora.

La mayoría de los practicantes de yoga actuales, por ejemplo, desconocen esos nombres y tantos otros de los grandes pioneros, pero si uno quiere de verdad leer buena literatura espiritual (hoy en día que la hay tan mala y confusa) tiene que recurrir a sus obras y comprobar, así y de primera mano, que pueden ser un solvente maestro.

Aparezco en la fotografía ante la magnífica escultura del formidable pintor y escultor Helio Clemente, que representa a Jesús en meditación. Intrépidos entre los intrépidos buscadores de la Sabiduría estuvieron Buda, Mahavira, Lao-Tsé, Jesús, Pitágoras, Milarepa y tantos otros iniciados que nos han legado un insuperable legado espiritual.

 

Ramiro Calle
Director del centro Shadak

www.ramirocalle.com

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