El plan del alma

El alma tiene dos claros objetivos cuando decide experimentar la vida humana: progresar y contribuir.

El progreso tiene que ver con la trascendencia e integración mediante la comprensión y la sanación de aquellas heridas que nos lastimaron en nuestras vivencias en las trincheras de la materia y que quedaron impresas en las memorias internas como rastros energéticos-emocionales.

En ese sentido, darse cuenta de cuál es nuestro tema clave personal es fundamental para comenzar a drenar cualquier residuo condicionante del pasado; es de suma importancia ya que actúa como un eco en nuestro presente afectándonos y repitiéndose de mil formas para facilitarnos el que podamos “verlo” hasta hacerlo consciente.

La contribución surge a partir del progreso. Una vez el ser humano comienza a limpiar su canal de las distorsiones que le desintonizan de la voz del alma, logra activar el recuerdo de su naturaleza esencial, da sentido a cualquier experiencia de vida y siente el anhelo profundo de compartir la alegría y ayudar a otros seres humanos a reconectarse con su dimensión espiritual.

El contribuir tendiendo manos a otros hermanos es fuente de dicha indescriptible y el modo de hacerlo es muy variado pues venimos equipados con diferentes talentos de servicio. Sin embargo, habitualmente las interferencias no atendidas de la identidad personal bloquean el flujo de la entrega del ser.

La verdadera espiritualidad abraza la dualidad mente-espíritu y permite la total reconexión al integrar cielo y tierra. La propuesta es amarse completamente con nuestras luces y sombras y, desde el amor, a nosotros mismos, invertir en nuestro crecimiento evolutivo, desmontando los viejos patrones, descontaminando el cauce de conexión, desbloqueándonos de emociones enquistadas reprogramando las creencias limitantes, acogiendo las herencias sistémicas, haciendo consciente lo inconsciente…

La pulsión natural del alma es hacia la autenticidad.

Cualquier necesidad egocéntrica expresa una sensación de carencia. Soltar la necesidad de protegernos, defendernos o adecuarnos, y atrevernos a mostrarnos tal como somos, comprendiendo que estamos completos y somos perfectos en esencia, es el máximo desafío que un ser humano puede plantearse hacia el reencuentro con la paz interior inherente.

El impulso de adaptarnos a las exigencias del sistema para ser aceptados, sentirnos reconocidos, valorados o amados es la indicación inequívoca que nos estamos “maquillando” ocultándonos tras personajes o identidades adaptativas de complacencia en busca del afecto, el aplauso o sea cual sea la pretensión egocéntrica de atender una carencia o colmar un vacío.

 

Al hacer consciente las necesidades del ego para aliviarse del dolor de sus subjetivas percepciones de experiencias traumáticas podemos comprender qué nos hace actuar de determinado modo y “desde dónde” lo hacemos, rescatando al niño interior lastimado.

Reconocernos a través de un viaje al interior que permita autoconocernos honestamente en todos nuestros íntimos matices nos va a permitir poder elegir, vivir más felices encontrando el propósito, descanso al atrevernos a ser paulatinamente quienes somos sin la tensión interna de forzarnos a ser lo que no somos, una vez comprendido el origen de todas las obligaciones a las que nos sometemos.

Merece la pena atender algunas pistas significativas que hablan del desamor hacia uno mismo y el desequilibrio en la dualidad:

  • La dificultad en decir no, o permitirnos poner límites, la consciencia del egoísmo mal entendido, las malas digestiones por todo aquello que “nos tragamos”, las máscaras que adoptamos o el corsé en el que vivimos embutidos sin atrevernos a desabrocharnos el ser.
  • Analizarnos continuamente, preguntarnos acerca de nuestro grado de autenticidad, enfocarnos en los progresos de nuestros asuntos personales, en el modo en que contribuimos a que el mundo sea un lugar más bello en vocación de servicio y qué dichosos nos sentimos al hacerlo hace que nos sintonicemos con el plan del alma: con aquello que vinimos a hacer.

 

Mayla J. Escalera

Terapeuta Transpersonal especializada en:

Expansión de conciencia y exploración del inconsciente.

Autora de los libros «Manual práctico de Expansión de Conciencia» y «Muerte, tránsito y vida«

sendadeluz.com


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