Cantando a la primavera he aquí lo que cosecho para los que aman

¿Quién sino comprendería a los amantes en toda su dicha?

Cosechando lo sembrado atravieso el jardín del mundo

unas veces en la orilla del mar, otras chapoteando sin temor a mojarme

o en los caminos donde las piedras viejas se han acumulado en mis campos…

En el bosque o en el mar contemplo los frutos de la siembra antes de saber dónde voy

contemplo y siento el olor de la tierra deteniéndome aquí y allí en silencio.

Sólo/a me creía, 

cuando de repente la vida se reúne en torno a mí ¡y me lanza sus brazos al cuello!

¡Creced más alto suaves hojas, que yo lo pueda ver! ¡Creced en mi pecho!

¡Arrancad el recelo de mi corazón! ¡No os repleguéis en vuestras raíces tímidas! 

¡Tú, hierba en mi pecho, no permanezcas tan amedrentada!

Estoy decidida/o a florecer, a desnudar este vasto pecho mío…

Diré lo que he de decir muy sencillamente y sólo me proclamaré a mí misma/o.

Walt Whitman

Ya llegó, ya está aquí, coloreando el espacio y llenándolo de nuevas fragancias. El término “prima” proviene de “primer”, la sílaba “ver” de “verde vergel”.  Los franceses la llaman “prin temps”, en latín “primun tempus”, pues que en la antigüedad era el primer tiempo del año. De hecho, al enumerar las estaciones comenzamos por la primavera, luego verano, otoño, y finalmente invierno. En el zodiaco el curso del sol se inicia también con la primavera y el signo de Aries. La vida te invita a comenzar, a renacer en primavera.

La primavera nos regala más luz y aires de renovación, rejuvenecimiento, nuevo crecimiento… Es un tiempo ideal para comenzar proyectos. La Pascua de Resurrección se celebra el domingo siguiente a la luna llena tras el equinoccio. Todo nos llama a renacer a la vida nueva. 

Es tiempo de ver, de valor, y de verdad.  

El sol y el calor propician que florezca lo que hemos sembrado.  Energéticamente estamos más preparados que nunca para tomar conciencia de lo que hay y de lo que no hay en nuestra vida con honesta sencillez. Acepta lo que florece y lo que no, ábrete con humildad serena a darte cuenta de qué está creciendo en tu jardín. Si paras y miras lo verás. Lo que ES cae por su propio peso, se presenta claramente si estamos presentes y abiertas/os. 

Hazte la gran pregunta de la primavera: ¿qué hay florecido en mi jardín? Vitalidad o cansancio, orden o desorden, tolerancia o resentimiento, queja o aceptación, proactividad o reactividad, armonía o inquietud, encuentro o separación… 

A veces estamos tan inmersos en nuestro drama o diálogo interno evaluador, tan distraídos y enredados con las tareas del hoy, las preocupaciones del futuro o los resentimientos del pasado que sencillamente se nos olvida contemplar qué está pasando, qué esta manifestándose. Cuando nos enganchamos en algo, empeñada/os, aparece el drama, el círculo vicioso, y perdemos perspectiva y vida. Menos mal que la primavera llega ligera con esa posibilidad de calor, color, aires nuevos y renacimiento. La primavera otorga el momento propicio para recuperar el disfrute perdido con tu familia, pareja, trabajo, contigo… es tiempo de vestirte de verde, rojo o azul, valorar las cosas pequeñas, reactivar el sentido del humor, cantar, bailar, soltar rabia, frustración y pesadas razones sin pasión ni compasión… mírate honestamente, con valor y benevolencia… da carpetazo al invierno y únete a la fiesta de la primavera. La vida te esta ayudando a mostrar tu auténtica belleza tras ese montón de exigencias.

¿Qué hay florecido en mi jardín?

Deja que florezca lo que ES, lo que eres, lo que sientes. Si no lo abrazas, respiras y aceptas no dará fruto. La flor no puede abrirse si la energía está contenida, dedicada a pensar y protegerse. Aprovecha la expansión primaveral para esponjarte y soltar. No se puede florecer sin soltar. Muchos de nosotros, consciente o inconscientemente, ocupamos con tareas todo el día para no pensar. Los asuntos emocionales pendientes pueden doler y ¡uff! mejor estar ocupados y anestesiados. Para ello conviene estar hacia fuera y ver muchas series por la noche hasta caer dormidos, no vaya a ser que emerjan incómodas sensaciones latentes en algún silencio. 

La buena noticia es que las emociones que no aprovecharon la caída de hojas de otoño pueden ser integradas con el calor y el color primaveral. Abrazar y aceptar un dolor sin regodearte en la queja te reconcilia y despierta. Abrazar tus luces, tus sombras, tus aciertos, tus errores, tus grandezas y torpezas te hace humano. Quiérete completo/a. Eres una flor única y selecta. Lo que eres y sientes de verdad en este momento, ofrecido con amable humildad y humanidad es el mejor lugar donde estar, es la vibración que más resuelve y disuelve.

No te empeñes en aparentar ser otro tipo de flor del que eres en esta primavera. Todas están bienvenidas a la fiesta de la vida: rosas, tulipanes, petunias, lirios, hortensias, camelias, margaritas, amapolas, jazmines… No quieras crecer más fuerte o grande de lo que toca. observa…  acepta… no controles tanto ni impongas ninguna forma “correcta”. Las cosas son. La vida se encarga de ellas. Suelta… Aprenderemos mucho al contemplar sin juicio la diversidad de flores y colores en primavera. 

No se si recuerdas la sencilla magia de algún momento de florecimiento personal. Estabas enganchada/o y cerrada/o en un agujero negro sin salida… algo te tocó y te hizo reconectar. Lo pesado quedó de repente en el pasado. Un capullo abre su flor con el calor primaveral del mismo modo que tú puedes abrirte a vivir si aceptas la invitación del calor y sueltas el pasado y ese exceso de pensamiento trasnochado. Pensar tanto nunca fue el camino, no te llevará a la luz. La vida es demasiado hermosa ahora. ¡No te quedes en la oscura caverna! Si confías en la primavera, disfrutas y sueltas, ella y sus colores todo lo aligeran.

Una semilla de luz se instaló en nuestros corazones el 24 de diciembre enraizándose dentro hasta brotar y elevarse para ver la luz en este momento. Los verdes tallos generaron capullos que se abren y ofrecen una flor única e irrepetible. En el cuerpo humano la energía se exterioriza del hueso al músculo y los tendones. Pasamos del agua del invierno en los riñones a preparar el fuego del corazón que celebra el verano. Esta transición requiere que nuestro hígado se ponga en movimiento.  El hígado administra la energía vital, la decisión consciente enraizada en el ser, la celebración del auténtico yo soy. En medicina china se asocia con el elemento madera. Un árbol con raíces anchas y profundas en la tierra extiende sus ramas florecidas hasta el cielo. Hay crecimiento y expansión en la primavera si no obstaculizamos. 

Las ventanas del hígado son los ojos según la Medicina China. La vida te invita contemplar con disfrute la naturaleza floreciendo. Esto te hará a ti florecer. Vence resistencias con coraje y sal a pasear, al encuentro de flores y aire puro. Busca nutrirte cada día con cosas bellas: naturaleza, arte, teatro, un ballet, poesía, música en vivo, pintura… aliméntate y deléitate en ellas con ojos blandos y suaves.

La vista es el segundo mayor gasto energético después de la actividad cerebral

Vivimos en un mundo de híper estimulación visual.  La visión del verde y de lo bello nutre los ojos, descansa.

Te propongo algo: contemplar 1 minuto un objeto hermoso antes de comenzar tu actividad habitual cada mañana: el azul del cielo, una flor, un cuadro, la llama de una vela…  Si usas mucho el ordenador conviene hacer pausas para descansar la visión fija contemplando vagamente al horizonte y relajando los músculos oculares. Date cuenta de cuándo estás tensando en exceso los músculos de los ojos por juicio, comida de coco o exceso de atención. La mirada tensa y el juicio (a nosotros mismos o hacia fuera) están muy relacionados, por ello la contemplación del verde, el azul del cielo u otro color, de una flor o de algo bello con la “visión romántica”, esponjada, vaga, relajada… restaura el alma.

Para florecer es preciso haberse aquietado un poco en invierno, haber nutrido riñones estando hacia adentro. Si no lo has hecho, haz en esta transición unos días de mayor recogimiento, date algún paseo sóla/o por un bosque, permite que pare la mente volviendo al cuerpo, haz yoga, chi kung, danza, deporte, antes de que el calor mayor te haga florecer desajustada/o.

Signos de que lo necesitas urgentemente: cualquier afección en los ojos y en la piel, “mala leche” ante detalles sin importancia o frustración y victimismo desproporcionados. Es tiempo de aceptar lo que está pasando con una sonrisa benevolente, perdonarnos tiernamente y liberarlo, dejarlo ir, no prestarle atención para disfrutar del espectáculo de la vida floreciendo. ¡Sal de tu jaula! ¡suelta el drama! Tal vez la primavera y el florecer del entorno presenten nuevas opciones y caminos insospechados. No te quedes enganchado en rencores o torpezas previas. Ya verás como si te asombras con la belleza, te esponjas y vuelves a estar respirar vida conseguirás florecer.

La Medicina China afirma que cuando nuestro Qi o energía se agota, nos sentimos cansados decaídos y sin ganas. Esta energía la obtenemos del exterior, del aire que respiramos, el ejercicio que hacemos, de los alimentos que ingerimos y los pensamientos que nos nutren.  De ahí la importancia de prepararse para encauzar las dos semanas de transición al calor y el florecimiento de dos posibles polos: la astenia y la primavera que la sangre altera. Ninguno de ellos son una enfermedad, sólo un trastorno pasajero si te pones en movimiento y en armonía con el aumento de luz y calor.

Eso si, si ya estabas cansado la primavera te lo hará ver claramente. ¿Qué vas a hacer tras admitirlo?

 

  • MOVIMIENTO: mover el cuerpo para activar el movimiento del hígado y el organismo es lo más importante de todo. Dar paseos respirando profundamente, volver al cuerpo con una tabla de chi kung, yoga, cualquier ejercicio favoreciendo una respiración consciente, danzar esas canciones que te hacen abrirte y florecer. Empieza por 10 minutos al día, un pequeño paso. Conviene pasear y conectar con la experiencia externa de la vida floreciendo. La convivencia y relación con la primavera te permitirá volver a ver, agradecer lo que dábamos por sentado, aprender y evolucionar.  Conviene dinamizar el tono muscular, sobre todo las personas que no hacen gimnasia continuada: bailar, nadar, practicar algún deporte con amigos, caminar cuesta arriba en la montaña y automasajes con amasamiento muscular…

  • LUZ: Nuestro reloj biológico está programado para funcionar según estímulos que recibe del exterior. La luz y el calor son los “disparadores” que señalan la llegada del despertar de la primavera en nuestro cuerpo. Y lo hacen favoreciendo la producción de un neurotransmisor llamado serotonina y regulando la segregación de otra hormona llamada melatonina. Unas células especializadas de la retina se encargan de enviar información al núcleo supraquiasmático del hipotálamo, una zona del cerebro que alberga el reloj que pone en hora los procesos que ocurren en nuestro cuerpo. Esto desencadena una serie de cambios químicos que afectan sobre todo a la glándula pineal. Esta glándula favorece la liberación de la serotonina, conocida como la hormona de la felicidad, mientras que la luz inhibe la producción de melatonina, la hormona que controla la duración y el ritmo del sueño, los ritmos circadianos y el ritmo de decenas de otras hormonas (la noradrenalina, encargada de aliviar el stress, la oxitocina encargada de las relaciones sociales y el afecto, la TSH que aumenta el metabolismo y produce hormonas tiroideas, hormonas de control renal y reproductivo…)
  • RESPIRAR LA VIDA NUEVA: recupera la respiración abdominal más baja y profunda inspirando y contando 6, exhalando y contando 8, o con la respiración cuadrada contando hasta 4 inspirando, haciendo una pausa, exhalando y haciendo otra pausa. Hacer pequeñas pausas de 5 minutos varias veces a lo largo del día y acompañarlas de unas respiraciones para tomar conciencia y relajarnos puede ser muy beneficioso. Hay muchas prácticas de detox respirando.
  • ALIMENTOS: Es tiempo de desintoxicación por lo que conviene dejar los platos pesados y pasarnos a las ensaladas verdes y las verduras a tuti plen celebrando lo que la huerta nos ofrece. Son también recomendables las monodietas de un día. Si estás muy saturado no viene nada mal recurrir a un especialista para llevar a cabo una detoxinación guiada o limpieza de hígado.  Es importante masticar mucho para que la saliva permita digerir lo nutritivo nada más. Por cierto: atiborrarte a complementos sin movimiento físico es un gasto inútil.
  • PENSAMIENTOS: Huye de la obsesión que marchita la floresta. Suelta ya lo que no es, te pesa o te lía: fantasías sobre ti misma/o, sobre otros, sobre tu vida, preocupaciones excesiva o pesimismo sobre el futuro, desconfianzas o miedos irreales que generan campos de negatividad y egocentrismo. Concentra tu atención con firmeza en contemplar lo que florece fuera, disfrutar del sol y el paisaje a ver qué pasa. Paremos círculos viciosos y automatismos antes del verano.
    Cuando aparezcan situaciones que no te gusten o te incomoden respira conscientemente y observa qué pasa fuera y en tus sensaciones corporales con curiosidad. Se ha de encauzar esa “primavera que la sangre altera” y evitar que impulsos instintivos nos secuestren, aceleren y enajenen.
    La euforia o el júbilo grupal adolescente primaveral puede meterte en líos si inviertes la energía donde no toca. También podemos irnos al otro extremo: instalarnos en la astenia por no movernos ni activarnos. Para transformar ambas hay que tener fuerza de voluntad. Hemos de dar pasos valientes y firmes para salir de ellas.
  • COMPAÑÍAS: aléjate con cariño y elegancia de las compañías que ya no te nutren. 

Virtudes a cultivar en primavera

Hay dos virtudes similares y complementarias a cultivar con perseverancia: el coraje y la valentía.

  • El coraje es una energía más femenina que saca fuerzas de la tierra para preservar su territorio y aceptar límites, ayudándonos a decir no cuando es no y sí cuando es sí.  Se suele tener miedo inicialmente a ver o a hacer, es normal, y aún así, hemos de mirar lo que ha de mirar y hacer lo que ha de hacer.
  • La valentía es una energía más masculina y dinámica que sortea obstáculos, se mueve, defiende como un tigre, sin agresividad ni reactividad pero con fuerza. Tiene miedo también, y lo transforma en determinación para avanzar.

Hemos de discernir cuándo es tiempo de coraje, de mantenernos firmes, soltar o decir no, y cuándo es tiempo de valor para avanzar.  Conviene despertar nuestro coraje y valentía interior continuamente para que nos acompañen cada día. ¿Qué música, frase interior, acción te activa coraje y valentía para vivir despierta/o?

  • Aprende a definirte con claridad y amable firmeza. Busca tu forma personal de expresión y aquellas actividades que ayudan a florecer del interior al exterior: cantar, suspirar, bailar, pintar como te sientes y como quieres estar, escribir poemas, cartas, ordenar y alegrar un espacio…  Permite que la exteriorización de lo que eres se abra camino orgánicamente como una flor, lenta y serena, desde dentro a a fuera. Fingir consuelo y consenso desgasta mucho el hígado. Si es sí es sí, si es no es no.  Es posible abrirte a la comunicación con amabilidad en lugar recurrir a la expresión defensiva y reactiva. Esto te cierra y uno fluye cuando la flor está abierta.
  • Revisa tu hacer. El empeño enajenado por hacer, hacer, hacer sin energía disponible causa enfermedades.  Hacer fluyendo con la energía es meditación, hacer a contracorriente puede llevar a la enajenación o al agotamiento físico y espiritual. Hay que tener coraje para parar. Es una de mis grandes pruebas y lecciones. A veces la aprendemos cuando ya la vida nos avisa con un suceso repentino, un dolor, una enfermedad.
  • Cultiva las competencias cognitivas relacionadas con el hígado: la imaginación, la creatividad, la iniciativa, la decisión y la capacidad estratégica.  Su uso disfuncional genera pensamientos imaginarios no enraizados en lo que hay realmente (ideas irreales sobre nosotros, la vida, otros), competitividad, desconfianza, indecisión, ofuscación mental, desbordamiento mental.

  • Las competencias emocionales que curan el hígado son la bondad, amabilidad, acogida, inclusividad, extroversión, dinamismo y simpatía, generosidad, abundancia, iniciativa aventurera y curiosidad… Su uso disfuncional en exceso genera la reactividad, híper actividad, estrés, el enfado, la rabia, la ira y la frustración, irritabilidad, impaciencia, intolerancia… (cuando no hemos aprendido a manejar el enfado sano y el comunicar nuestros límites serena y firmemente).  Si el hígado está saturado en esta época podemos sentirnos enfadados sin saber porqué, frustrados, con ganas de llorar o con ansiedad en el pecho. Si está sin energía se genera apatía, evasión, cobardía, miedo a actuar y astenia primaveral (el motor no tiene energía para florecer).

Confía en la vida, florece a lo que eres y no puedes dejar de ser. Deja que otros vean y disfruten de tu verdadera belleza, vibración e irradiación. 

Te invito a leer tranquilamente este texto y luego escuchar la primavera de Vivaldi o Ludovico Einaudi o alguna en la que te sientas florecer con aquello que te ha tocado el alma y dejarte llevar e incluso bailar extendiendo tus alas…

  Primavera Ludovico Einaudi

 Natura primavera

Sonidos de la naturaleza

Aurora en el bosque

Doña Primavera viste que es primor,
de blanco radiante como limonero en flor.

Lleva por sandalias una anchas hojas
y por caravanas unas fucsias rojas.

¡Salid a encontrarla por esos caminos!
¡Va loca de soles y loca de trinos!

Doña Primavera, de aliento fecundo,
se ríe de todas las penas del mundo…

No cree al que le hable de las vidas ruines.
¿Cómo va a entenderlas entre tantos jazmines?
¿Cómo va a entenderlas junto a las fuentes de espejos dorados y cantos ardientes?
De la tierra enferma en las hondas grietas, enciende rosales de rojas piruetas.

Pone sus encajes, prende sus verduras en la piedra triste de las sepulturas…

Doña Primavera de manos gloriosas, haz que por la vida derramemos rosas:

Rosas de alegría, rosas de perdón, rosas de cariño y de aceptación.

Gabriela Mistral

 

Techu Arranz

Coach personal, ejecutivo y de equipos y Consultora

Instituto Potencial Humano